Quién Soy Yo
Una de las primeras señales de que nuestra consciencia está creciendo a través de la práctica de la Meditación son las preguntas. Cuando comenzamos a cuestionarnos las cosas de la vida, en lugar de sólo darlas por sentado. Cuando hacemos una pausa en el discurrir de la mente, para posicionarnos frente a ella y observarla con actitud curiosa y desprejuiciada, estamos siendo testigos de nuestro propio crecimiento de conciencia; y al mismo tiempo, estamos retroalimentando este proceso cuando volvemos al cojín de meditación. Cuando un hábito mental se ha creado, después de algún tiempo, lo que hemos pensado se convierte en lo que decimos. Y por el mismo proceso, nuestras palabras repetidas se convierten en nuestros actos. Más adelante, tras continuar esta rueda, se ha formado nuestro carácter y éste, finalmente ha creado las condiciones de nuestra vida.
Cuando no hay ningún cambio en nuestra vida, si nuestras acciones siguen proviniendo de las mismas reacciones emocionales; si nuestros pensamientos continúan en la misma noria de confusión y conflicto, entonces nuestra meditación no es suficiente. Puede que necesitemos perseverar en la práctica. Si, por el contrario, nos damos cuenta de que algo dentro de nosotros es diferente; bien sea que, ya no nos sentimos tan confusos y nuestra mente no está vagando todo el tiempo entre pensamientos sin sentido. Si durante algún suceso repentino, no reaccionamos de la misma manera automática y drenante. Si en lugar de hablar para llenar el vacío, preferimos escuchar un poco más atentamente, entonces sucede que la Meditación está comenzando a darnos sus primeros frutos.
La perseverancia proporciona a la conciencia del meditador la posibilidad de continuar creciendo y auto-descubriéndose. Cuando lo hacemos podemos percibir esa nueva manera de ver al mundo, con los ojos un poco más abiertos y con la actitud juguetona y de sorpresa; como un niño. Hay una edad en la que la curiosidad de los niños les lleva a hacer toda clase de preguntas a sus padres, acerca de casi cualquier cosa. Mamá: ¿qué es esto? Es un pájaro -responde la madre-. Y ¿Por qué se mueve de esa manera? Porque, al igual que tú caminas para ir de un lugar a otro, el pájaro vuela. Para comprender el mundo que lo rodea, el niño pregunta a su madre. Así como el niño, para comprender la naturaleza de su mente, el meditador se cuestiona a sí mismo y toda la realidad.
Cuando su práctica le lleva a cuestionarse a sí mismo, el meditador ya sabe que algo muy básico ha cambiado en su interior. Sabe también que ya no volverá a verse a sí mismo ni aquello que lo rodea, con los mismos ojos. Pero ahora, necesita conocer ese nuevo mundo que se ha abierto ante su conciencia. Por eso lo cuestiona todo, e incluso, a sí mismo. Por eso se pregunta, ¿Quién Soy Yo? Los no meditadores probablemente, ni siquiera lleguen a formularse esta cuestión, en toda su vida. Algunos no obstante, sin haber meditado llegan a hacerse esta pregunta después de algún suceso que ha sacudido los cimientos de su realidad, tan atesorada: la muerte de un ser querido, una enfermedad, la bancarrota... No importa lo que sea, se ha abierto una puerta de oportunidad para expandir la conciencia y las cuestiones más profundas comienzan a surgir desde ese umbral.
Quizás en ese momento, algunos buscan las respuestas en lugares donde se pierden a sí mismos; en tanto el meditador antes de buscar una respuesta, y después de plantear su pregunta, guarda silencio. Él intuye, después de que todos sus esfuerzos por comprender la realidad y el mundo lo llevaron a extraviarse a sí mismo, que buscar las respuestas en algún otro lugar afuera de él no es el camino correcto. Por eso, guarda silencio. Vuelve a sentarse en el cojín de meditación y deja que el flujo de la energía de sus preguntas vuele como el pájaro, desde su mente hacia ese otro reino; ese nuevo espacio a donde su conciencia expandida por la meditación, lo ha conducido.
Allí el meditador se siente como un niño explorando el nuevo mundo al que apenas ha llegado. Todo es nuevo, todo tiene un brillo distinto. Él siente el impulso de continuar explorando por ese nuevo mundo, y las preguntas que se ha cuestionado con los ojos abiertos en su día a día, de pronto comienzan a cobrar significado allí, sentado sobre su cojín de meditación. Él descubre que las respuestas llegan cuando no las está buscando, y percibe el hilo invisible que conecta ese nuevo mundo con el otro, fuera de él. Lo ha comprendido desde el momento en que la charla vacua de su mente se va apagando y las preguntas formuladas al abrir los ojos, se van revelando al cerrarlos.
Puede que nuestras expectativas al sentarnos a meditar no siempre se cumplan, esto es parte del entrenamiento del meditador, aprender a soltar: sus proyecciones, sus ideas fijas, sus creencias acerca de cómo deberían ser las cosas. Nada de esto tiene efecto en la expansión de la conciencia; ni siquiera es útil para comprender lo que es en realidad, la conciencia. Así que tenemos un baremo, nosotros mismos; lo que hacemos, lo que pensamos, lo que decimos y nuestras emociones entrelazadas con todo eso. Creemos que somos este cuerpo, creemos que somos lo que está en nuestra mente, nuestros pensamientos o creencias. Algunos también se sienten identificados con sus emociones, y se dicen a sí mismos: yo soy una persona aburrida, yo soy triste, yo soy colérica... Hay quienes se identifican con sus profesiones: yo soy terapeuta, yo soy abogado, yo soy ingeniera... Pero cuando se sientan en silencio durante un tiempo, comienzan a darse cuenta de que nada de eso es permanente. Y aún su deseo de saber quiénes son sigue presente.
Yo Soy no es sino la proyección de la Consciencia Una, que lo impregna todo. La Consciencia Universal. Igual que el océano proyectando una ola, la ola no tiene identidad por sí misma, sino por el océano. (Estas son las palabras de Sri K. Pharvati Kumar, en su libro Las enseñanzas de Sanat Kumara).
Podría decir si se me permite, que ese otro universo a donde la consciencia se expande, es el reino de la Consciencia Una. No es mi propósito adentrarme en definiciones elaboradas acerca de estos conceptos, salvo para servirme de éste como una idea, la imagen del nuevo mundo que descubre el meditador experimentado. El cómo es este mundo es un tema discutido por innumerables maestros de meditación; prácticamente, en la gran mayoría de las escuelas filosóficas y religiosas. Algunas coinciden, otras no. Pero lo importante aquí es para nosotros, notar que se trata de una experiencia común denominador, entre el vasto número de seres que han dedicado su vida a la meditación. Esto parece indicar que los horizontes de nuestro ser son más anchos que nuestra propia ropa.
Algunos se preguntarán acerca de la utilidad -si es que hay alguna-, que pudiera tener en sus vidas, saber Quién Soy. Si tenemos que reducirlo todo a la cualidad utilitaria de las cosas, podría decirse sin embargo, que la meditación no nos va a ayudar mucho, si la utilidad que buscamos tiene como fin ser millonarios, o lucir más delgadas o más musculosos. Pero si tenemos verdaderamente el deseo de ser felices, entonces podemos encontrar en la meditación una herramienta perfectamente adecuada. Conocerse a sí mismo y a los dioses, como rezaba el emblema del Oráculo de Delfos, es la búsqueda más antigua de la Humanidad, de la que todos formamos parte.
Existe una interesante discusión ancestral acerca del verdadero motivo de nuestra encarnación; que nos lleva a plantearnos otra pregunta que surge inevitablemente, cuando meditamos por hábito: ¿Para qué estamos aquí? Pues, resulta que la respuesta no es igual para todo el mundo. Para algunos, la vida es tan sólo el paso entre la cuna y la tumba, un lugar adonde se viene a trabajar y a procrear, y poco más; como una carrera de ratas. Para otros, la razón por la que están aquí significa la búsqueda de la felicidad. Pero esta con frecuencia se transforma en una quimera; la persecución infinita del placer, que jamás dura. Para unos pocos quizás, la vida es un viaje de autodescubrimiento y autoconocimiento; ese ha sido mi caso. Yo también creí por mucho tiempo que había nacido para ser feliz. Pronto me di cuenta de mi gran error. Pero ese es un tema que dejaré para otro post.
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